“Necesito alguien que me maneje las redes”
El otro día leí por ahí a alguien decir que las redes dejaron de ser sociales para convertirse en redes de interés. Y acto seguido, fundamentaba toda una serie de oportunidades que esto brindaba a los negocios en su (intento) por construir una estrategia de comunicación digital. Y es justamente todas esas (supuestas) oportunidades las que en realidad tienen en su propia concepción algún tipo de inconveniente que nadie que se dedique a la gestión orgánica de redes sociales te lo va a decir (entiéndase como orgánico, por las dudas, a la publicación de contenido gratuito en los perfiles).
La primera afirmación dolorosa: después de muchos años de estar trabajando en esto (aunque ni siquiera sabemos bien qué es esto), podemos afirmar, sin sentir vergüenza, ni pudor, que los negocios no saben qué corno hacer con sus redes sociales. Y vamos a desmenuzarlo como podamos:
Una breve introducción al respecto, y que ya hemos intentado desentrañar en este espacio de opiniones en otros posts, tiene que ver con pensar la naturaleza de las redes sociales como fenómeno tecnológico, y que implica básicamente aceptar la similitud que tienen en cuanto a su lógica frente a la de un medio de comunicación tradicional como la tele: es decir, mostrar contenidos que nos tengan frente a la pantalla la mayor parte del tiempo posible. ¿Pero cuál es la pequeña, pero enorme, diferencia? Que la selección de lo que podíamos ver en la tele tenía un cierto grado de control por parte del sujeto entendido como televidente. Ya sea, justamente, por el propio control remoto, y también porque dependía de configuraciones previas que le eran ajenas. Lo novela Gasoleros se emitía de lunes a viernes a la 21hs. No te quedaba otra si te la querías cruzar. Y si bien había estrategias para retenerte y generarte algún tipo de adicción al contenido, ninguna se le acerca al fenómeno del algoritmo de las plataformas sociales que todo el tiempo seleccionan (y en microsegundos) aquel contenido que te pueda interesar (y mantenerte conectado) desde el preciso momento en el que elegís abrír la app. No solo eso: sabe qué te gusta y que no, porque se construye de datos de interacciones previas, algo que la tele solo podía sospechar en base a una medición (hoy primitiva) como el rating. Los contenidos te invaden, te buscan, te persiguen, y un poco indefenso quedás.
Bien, ¿y qué es lo importante acá? Vamos a hacerlo con un juego de preguntas y respuestas. Por un lado, que el algoritmo selecciona de todo lo que la mayoría del mundo publica gratis a cada instante, aquel tipo de contenido que produzca la retención del usuario. ¿Y qué retiene al usuario? Fundamentalmente, las mismas cosas universales que la humanidad persigue hace rato: cierto humor, cierta autenticidad, cierta controversia, cierto secreto develado, cierta fórmula del éxito narrada en formato reel bajo la premisa “hoy te traigo las 3 combinaciones de queso port salut que no te pueden faltar en tu cocina“. Por ende, ¿qué ocurre? Que del lado de la generación de contenidos vendido como servicio eficaz y que toma la forma de calendarios de publicación sin sentido (como si importara, ¿no?), o la forma de estrategias que incluyen 3 reels, 5 historias, 2 post y moderación de contenido, o la forma de sorteos, o la forma de poner delante de cámara a un empleado, o copiar el fenómeno viral del momento, digo, ocurre que no hay ningún tipo de garantías al respecto de que vaya a suceder algo significativo para tu negocio. Y entonces, vas probando sin un norte claro. Y vas rompiendo tu marca, tu negocio, tu producto o servicio. ¿Por qué? Porque la narrativa se tiene que adaptar al engagement del entretenimiento. Y así vemos cómo todo el mundo quiere parecer gracioso a ver si la pega. Pero no sos vos, es el algoritmo. Y por eso decimos que los negocios ya no saben qué hacer con las redes sociales. Porque todo los abruma, porque las promesas de viralización se vuelven una zanahoria que nunca se alcanza, porque ya no saben qué decir, porque repiten, porque aburren, porque cada contenido publicado tiene menos y menos alcance, porque hacen un despliegue enorme y ven que el negocio no despega.
No se necesita alguien que maneje las redes porque pensado así es una figura que no existe, aunque la mayoría se venda así: me encargo de manejar tus redes. La pregunta sería ¿para qué? Sin embargo, todavía hay camino por recorrer en este aspecto porque muchos recién se suben a esta ola que se masificó con el Covid y el ingreso al mundo digital de basicamente toda la humanidad. La mayoría de los pedidos de presupuesto de servicios nos vienen con esa premisa. Y peor en aquellos casos en que la frase es más extensa: necesito alguien que maneje las redes porque mi sobrina de 16 años ya no tiene tiempo para hacerlo…
”’’¿Cómo va a importar el contenido si es lo que sobra por todos lados?’’
Nosotros nos apoyamos en la otra parte del algoritmo, en la de su funcionamiento publicitario, que no es otra cosa que el verdadero sentido comercial de las empresas que crearon las redes sociales bajo la adopción de la lógica de la tele para tener una audiencia cautiva y luego venderla a los auspiciantes. Con otra ventaja: el encuentro con un contenido no es para el entretenimiento de ese usuario, sino porque algo de su comportamiento digital previo mostró un interés de compra en eso que vos también ofrecés. Es decir: te va a prestar un interés más valioso que si te estuviera consumiendo para entretenerse. Y nos basta para esto el ejemplo de un cliente que logró viralizar un video que llegó al millón de reproducciones (porque era muy entretenido), y a partir del cual pudimos medir que produjo 0 ventas en la tienda online, y 0 potenciales clientes. Y no es raro: tiene toda la lógica del mundo.
Porque, en definitiva, al menos en esta última etapa, lo que verdaderamente importa y que tiene impacto en un negocio es que llegues a la persona adecuada en el momento justo de su interés (y que por supuesto no es cuando está consumiendo contenidos para intentar entretenerse). No antes, no después. Antes porque no le interesa y va a seguir de largo; no después porque en dos clics compró en otro lado. ¿Quién te da el punto justo? El algoritmo publicitario, el cual obviamente implica ejecutar una inversión publicitaria que todavía seguís postergando ya que, en principio, te parece más barato encontrar al hombre salvador que te maneje las redes sociales y te garantice facturación. Lamentablemente, va a seguir sin ocurrirte.
por Lucas Vesciunas, un ex experto en marketing digital & comunicación.
Todo cambió.
